Samir, la vida después de la muerte

Axel Hernández

“Si la madre tierra te da de comer, ¿por qué la quieres envenenar?” es la frase recurrente de Samir Flores Soberanes que quedó marcada en la memoria de Amira, la mayor de sus hijas, que hoy sigue los pasos de su padre, mientras materna a Ivanna, la nieta que Samir no conoció, pues fue asesinado seis años antes de que ella llegara al mundo.

En una concurrida cafetería del centro de Puebla, Amira Flores comparte lo que siente cuando las personas que habitan los pueblos que su padre defendió la reconocen al caminar por sus calles: “Me siento contenta de que lo sigan recordando, de que estén siguiendo sus pasos y que sigan en la lucha. Me hace sentir muy orgullosa que, a pesar de que muchos compañeros no lograron conocerlo en persona y no lograron convivir con él, sé que le tienen respeto, le tienen admiración y aún hoy lo apoyan”.

Liliana Velázquez cuenta que su hija Amira creció entre marchas y reuniones organizativas, repartiendo volantes en las movilizaciones contra el Proyecto Integral Morelos (PIM). La pequeña Amira también ayudaba en las tareas de agricultura orgánica que tanto disfrutaba Samir. “Para mí fue una gran influencia, es la misma lucha en la que yo estoy y en la que seguiré”, comparte Amira, quien actualmente cursa las licenciaturas en Derecho y Psicología social, disciplinas que complementa con su maternidad y su activismo político en defensa del territorio.

Amira responde con un rotundo “no” a la pregunta de si se ha hecho justicia ante el asesinato de su padre y explica que las autoridades no han encontrado nada en ninguna de las siete líneas de investigación trazadas para esclarecer el crimen contra Samir, perpetrado el 20 de febrero de 2019, sólo unos días antes de la consulta pública del megaproyecto contra el que luchó. Con apenas 36 años de edad, Samir se convirtió en una de las caras más visibles de la oposición al PIM gracias a su labor como comunicador de Radio Amilcingo y su participación activa en el Frente de Pueblos en Defensa de la Tierra y el Agua de Morelos Puebla y Tlaxcala (FPDTA-MPT).

El proceso para esclarecer quiénes terminaron con la vida de Flores Soberanes y por qué ha estado repleto de trabas políticas e irregularidades. Juan Carlos Flores, representante legal del Frente de Pueblos, señala que las autoridades intentaron negar que el homicidio de Samir estuviera vinculado con su trabajo como defensor del territorio y comunicador comunitario: “al principio la narrativa del fiscal de Morelos fue que había sido un ajuste de cuentas por el crimen organizado”, explica en la entrevista que concede al exterior del basurero municipal de San Pedro Cholula, en Puebla, donde las comunidades organizadas que lo clausuraron mantienen un plantón para evitar su funcionamiento.

El 30 septiembre de 2021, el hoy exfiscal Uriel Carmona anunció la detención de uno de los presuntos autores materiales que, supuestamente, habría participado junto a otras tres personas en el asesinato de Samir. Esta información fue desmentida días después por el Frente de Pueblos, organización que denunció la fabricación de un montaje en la investigación, pues el presunto culpable ya estaba preso por acusaciones de secuestro desde 2020, por lo que no fue capturado durante el supuesto operativo especial presumido por Carmona, de quien exigieron su renuncia.

Juan Carlos Flores detalla que, a pesar de que las autoridades señalaron a esta persona por su probable participación en el crimen que terminó con la vida de Samir, el juicio en su contra ni siquiera ha iniciado, ya que las audiencias han sido aplazadas en repetidas ocasiones. Respecto a los otros tres presuntos implicados, Flores precisó que uno de ellos no ha sido identificado, otro permanece prófugo y el tercero fue asesinado en un enfrentamiento.

Y aunque el caso fue atraído por la Fiscalía Especializada para la Atención de Delitos cometidos contra de la Libertad de Expresión (Feadle) por orden de un juez federal en agosto de 2023, la resolución no amplió el tiempo de investigación y recopilación de pruebas, por lo que el juicio, que por fin podría iniciar a finales de este 2025, se realizará con lo que Juan Carlos denominó “la línea de investigación completamente sesgada” de la Fiscalía General del Estado de Morelos (FGEM).

El involucramiento de la Feadle, lejos de ser una luz en el horizonte de la búsqueda de justicia para Samir, es un ave de mal augurio, pues el 84.77 por ciento de los casos de agresiones a periodistas presentados a esta dependencia en 2024 permanecen en la impunidad, señaló la organización Artículo 19 en su informe “Barreras Informativas: Desafíos para la Libertad de Expresión y el Acceso a la Información”.

El propio Frente de Pueblos realizó y dio a conocer en el 2024 sus propias investigaciones, en las que advierte sobre la existencia de una red de complicidades en el homicidio de su compañero. En un mapa de actores se incluye al exgobernador Cuauhtémoc Blanco Bravo, a Hugo Erick Flores, extitular de la Secretaría de Bienestar Social y exrepresentante del gobierno federal en Morelos, y al exfiscal estatal Uriel Carmona, además del CJNG y la célula de Los Aparicio, esta última señalada por la Fiscalía como autora material del asesinato de Samir.

Hasta la redacción de este reportaje (octubre de 2025), no hay ningún avance que arroje respuestas a las preguntas de Liliana Velázquez sobre la autoría intelectual del asesinato de su esposo: “¿de dónde salió la orden y quién la dio?”.

Y aunque todo en Amilcingo, la tierra natal de Samir, cambió tras su asesinato, Liliana tiene presentes las palabras de su compañero de vida: “aunque yo ya no esté, tienen que seguir, tienen que seguir en la lucha, tienen que seguir defendiendo”.

Amilcingo sin Samir

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Durante los años en que las y los habitantes de Amilcingo lucharon contra del Proyecto Integral Morelos, las asambleas se celebraban en la plaza central del pueblo, a la sombra de grandes árboles que menguaban el potente rayo del sol morelense. Hoy, esos árboles no están más. En su lugar, un pequeño kiosko y unas coloridas letras con el nombre de la localidad, siguiendo la estética de los “Pueblos Mágicos”, decoran lo que un día fue el corazón político de este pueblo.

“Muchas cosas empezaron a cambiar en la comunidad, hasta la famosa remodelación del centro”, explica Liliana. “El lugar que remodelaron no era sólo un espacio, era un símbolo”. Los antiguos edificios públicos del centro de Amilcingo fueron demolidos por las autoridades municipales sin consultar a las y los pobladores, dejando sin lugar adecuado para que la Brigada de Salud Comunitaria Vinh Flores Laureano —nombrada en honor al tío de Samir— pueda ofrecer atención a las personas de su comunidad. Aunque las obras de remodelación concluyeron, la Brigada de Salud, de la cual Liliana Velázquez formaba parte, sigue sin poder operar, pues no les ha sido asignado un nuevo lugar.

“El espacio de lucha donde se reunía la gente fue destruido y pusieron un parque de lo más espantoso. Eso tiene el objetivo de destruir la capacidad de organización de los pueblos”, denuncia Jaime Domínguez, activista originario de Jantetelco, otra comunidad de Morelos que plantó cara al PIM en esos años de resistencia, cuando se volvió amigo y compañero de lucha de Samir.

Otra de las estrategias para desmovilizar a los pueblos implementada tras el homicidio de Samir es, para Domínguez, la alianza entre la delincuencia organizada y las autoridades municipales de las comunidades aledañas a la termoeléctrica de Huexca, donde, dice, “hubo resistencias muy fuertes, el crimen organizado entró y generó miedo a la gente, por las buenas o por las malas, generaron el descontrol y la destrucción”.

Liliana, madre y mujer decidida a vivir

En ese clima de inseguridad, la familia de Samir ha tenido que continuar con su vida entre rejas y alambres de púas que rodean su casa, parte de las medidas que el Mecanismo de Protección para Personas Defensoras de Derechos Humanos y Periodistas implementó en su hogar. “Vivir dentro de una jaula con cámaras no te garantiza la vida, el peligro está allá afuera”, comparte Liliana Velázquez en entrevista realizada en la casa que se construyó de manera colectiva luego del asesinato del defensor.

Liliana es una mujer de 42 años. En estos más de seis años ha ido de un lado a otro exigiendo justicia para su compañero, llevando a cuestas la crianza de sus tres hijas y de su pequeño hijo. El peso de ser una mujer sola en una comunidad le ha valido críticas con las que también ha tenido que luchar. Hay que armarse, dice, “con una coraza bien grande” para seguir caminando.

La muerte de un defensor como Samir lo mueve todo al interior de su familia, comunidad y organización. “No sé aún qué voy a hacer de mi vida. Una cosa es ser madre y otra ser mujer y yo soy las dos cosas. Siento que si sigo con mi vida, la culpa no me va a dejar. Lo que siento más es el peso de la sociedad sobre mí. Es cabrón”. Pero Lily, como la conocen aquí, es clara, valiente y fuerte: “Mis hijos van a hacer su propia lucha. Yo la mía”. Está decidida a vivir. Es madre, abuela y mujer trabajadora.

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Samir es de todas las luchas

Con hábiles pinceladas doradas, Alejandro Torres Chocolatl restaura el manto de la imagen de la virgen que resguarda la parroquia de Santa María Zacatepec, combativa comunidad del municipio poblano de Juan C. Bonilla, que ha luchado contra la instalación del Gasoducto Morelos, la contaminación del río Metlapanapa y la planta Bonafont.

Torres Chocolatl recuerda con cariño a Samir, su compañero de lucha. Alejandro afirma que el amor por la naturaleza, por la vida y por el pueblo ha sido el legado dejado por Flores Soberanes. Entrevistado en su taller, Alejandro, también integrante del FPDTA-MPT, explica la vinculación que encuentra entre su quehacer como activista y su oficio de restaurador: “creo que el arte es una forma de expresión, una forma de demostrar el amor que se le tiene a la lucha, a la vida y, sobre todo, la defensa de la tierra”.

Marcelina Barranco, también defensora integrante del Frente de Pueblos, complementa lo compartido por su esposo Alejandro. Afirma que Samir ha sido una fuerte inspiración para la lucha de su comunidad: “él hizo que nosotras nos levantáramos más, que nos defendiéramos más, que fuéramos más conscientes de todos los daños que nos vienen haciendo”. Al pie de la frondosa bugambilia que crece en el patio de su casa, ambos sonríen. Ella sostiene un retrato del general Emiliano Zapata, dibujado a lápiz por Alejandro, quien posa para la foto abrazando una ilustración con el rostro de su amigo Samir.

Y desde Huexca, entrevistada en los campos de cultivo aledaños a la termoeléctrica contra la que siguen luchando, la defensora morelense Teresa Castellanos añade que “a pesar de que asesinaron su cuerpo, las masas se levantaron”. Samir, dice, “va a seguir, como sigue siendo el general Emiliano Zapata Salazar, un luchador social que siempre será reconocido por nosotros, las comunidades, y nos va a seguir alentando a seguir adelante”.

La oposición que Samir plantó a las obras de gobierno que Andrés Manuel López Obrador impulsó en Morelos, Puebla y Tlaxcala hizo que personas y organizaciones se identificaran con el joven defensor nahua originario de Amilcingo. Tras su asesinato, el Congreso Nacional Indígena (CNI) y el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) adoptaron la imagen de Samir como un emblema de resistencia.

La “siembra de Samir alrededor del mundo”, como la nombra el abogado Juan Carlos Flores, fue uno de los triunfos de la lucha contra el Proyecto Integral Morelos y ha permitido “que la conciencia que él buscó siempre sembrar en las personas y en su pueblo haya alcanzado tantos lugares y tantos brazos de solidaridad”.

Samir fue sembrado también en el Zócalo de la Ciudad de México. El viernes 21 de febrero del 2020 activistas y pobladores de Amilcingo colocaron su busto en una jardinera del primer cuadro de la capital, durante la movilización convocada para exigir justicia al cumplirse el primer aniversario de su muerte. Desde ese día su rostro posa de frente al Palacio Nacional.

Meses después, el 12 de octubre, día en que se conmemora el inicio de la resistencia indígena, la comunidad otomí residente en la Ciudad de México tomó la sede del Instituto Nacional de Pueblos Indígenas (INPI) y sus instalaciones fueron convertidas en la Casa de los Pueblos Samir Flores Soberanes, espacio referente de la organización indígena en la ciudad, que permanece a pesar de las amenazas de desalojo que ha recibido.

Otros dos bustos fueron colocados, este 2025, en memoria del defensor de Amilcingo. En febrero, estudiantes organizados de la Universidad Nacional Autónoma de México fueron los anfitriones de un festival político y cultural con motivo del sexto aniversario del asesinato de Samir, cuyo busto fue plantado en las Islas de Ciudad Universitaria. Y en Cuernavaca, la escultura de Samir forma parte de la Plaza de Armas desde que fue instalada el pasado mes de marzo, a unos metros del Muro de la Memoria, dedicado a víctimas de desaparición forzada en Morelos. Ambos antimonumentos constituyen un reclamo permanente, colocado en el espacio público, para exigir justicia a las autoridades morelenses.

“Samir no murió, el gobierno lo mató” es la consigna que mantiene con firmeza Vicenta Pérez Natividad, mujer de la tercera edad originaria de Santa María Zacatepec, quien participa activamente en la lucha contra los estragos de las industrias que llegaron a su comunidad tras la imposición del Proyecto Integral Morelos que, en sus palabras, sólo trajo “el progreso de la muerte” a los territorios que ella habita desde siempre.

Alejandro Torres Chocolatl vincula el legado de Samir Flores con las luchas actuales. “En cada movimiento y cada defensa que hacemos está él, porque no sólo ha sido el Proyecto Integral Morelos, están las aguas tóxicas, está la planta Bonafont, está el basurero tóxico aquí en la zona de Cholula, y está el robo del agua del que nos estamos defendiendo”.

Es octubre del 2025. Hay un nuevo gobierno federal y sigue sin haber justicia institucional para Samir, coinciden sus compañeros y compañeras, pero su legado, dicen, “está ahí abajo”, no sólo en Morelos, no sólo en México, sino en muchas partes del mundo. En París y en Roma, por ejemplo, su busto recorre las luchas de quienes buscan justicia.