Un tren para la agroindustria
Claudia V. Arriaga Durán
“Llegaron los menonitas a Tekax hace como cinco o seis años (al mismo tiempo que avanzaba la construcción del Tren Maya). Empezaron rentando hectáreas, pero mientras rentaban estaban pendientes de quién vendía”, declara Alan, un apicultor maya del municipio de Tekax, Yucatán, al observar de pie la tierra deforestada por este grupo de origen religioso que se instaló en México a principios del siglo XX y en la Península desde hace más de 40 años.
Las parcelas de Alan son parte del ejido San Antonio Tekax, un lugar en el que, hasta 2019, afloraba el tajonal como señal de que habría una buena cosecha de miel todo el año. Ahora, de eso sólo queda el recuerdo. “Aquí en donde estamos tienen unas 50 hectáreas de tierra y han estado destruyendo el medioambiente, principalmente los árboles, como el tajonal o el bejuco, que son los que daban la miel en un tiempo temprano y nos ayudaban en la apicultura”, explica.
El paisaje de los 49.1 kilómetros de distancia del centro de Tekax a la comisaría de Becanchen ahora luce distinto. Lo que antes estaba cubierto por árboles parece un campo “gringo”, en palabras de Alan, el campesino que acompañó a este equipo en un recorrido por las tierras afectadas. Para él es la primera señal de lo que ocurre: la expansión agroindustrial menonita que invade Yucatán.
En medio de los montes verdes cubiertos por árboles y maleza, se observa el avance de la construcción de un granero menonita. A lo lejos sobresale una casa rodante que tiene aire acondicionado. La tierra ya no tiene árboles, está plana, lista para los monocultivos.
Las comunidades de menonitas contribuyeron en gran medida a la cifra de 285 mil hectáreas de tierra deforestadas entre 2019 y 2023 en la Península de Yucatán, de acuerdo con el Consejo Civil Mexicano para la Silvicultura Sostenible (CCSS). El estado de Campeche fue el que registró una mayor pérdida, con 29 mil 281 hectáreas, seguido de Yucatán, con 27 mil 519 hectáreas, y Quintana Roo, con 14 mil 595 hectáreas.
El avance en la Península de Yucatán no es casualidad. Coincide con las declaraciones de la gobernadora de Campeche, del partido Morena, Layda Sansores San Román, quien el 15 de diciembre de 2023, en compañía del entonces presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, prometió durante la inauguración del Tren Maya hacer de ese estado un “granero de arroz”.
“Vamos a convertir a Campeche en un granero de arroz, como lo fue en tiempos de mi padre, también de soya y de maíz, y se transportarán por el tren. Si no lo hacemos así, en lugar de este caballo de fuego tendríamos un elefante blanco”, dijo la gobernadora.
El trazo del megaproyecto advirtió la ruta que llevarían los campos menonitas. Un tren que se anunció como una obra esencialmente turística, aunque las organizaciones mayas advirtieron desde el inicio que sería de carga.
Trabajar los apiarios ya no es redituable
En las comunidades mayas hay una realidad lejana a las ciudades capitales del sur de México, tales como Mérida, San Francisco de Campeche y Chetumal. Los mayas están siendo forzados a abandonar paulatinamente sus apiarios.
El modelo de producción agroindustrial empleado por los menonitas y agricultores empresariales requiere el uso de plaguicidas, insecticidas, herbicidas y fungicidas. En los últimos tres años el uso de plaguicidas altamente peligrosos, tanto por menonitas como por empresarios, en parcelas de diferentes monocultivos, ha causado la muerte de las abejas.
Entre 2023 y 2025, el equipo Abejas de Ecosur ha documentado cinco casos de intoxicación, donde se han perdido más de 4 mil 600 colmenas. Los insecticidas encontrados en las abejas muertas han sido principalmente el fipronil y el imidacloprid, insecticida de la familia de los neonicotinoides, prohibidos en países de la Unión Europea, pero que en la Península de Yucatán se utilizan frecuentemente. Las intoxicaciones registradas por Ecosur han ocurrido en Tekax y Tizimín, Yucatán, así como en Hopelchén, Campeche, y José María Morelos, en Quintana Roo.
Trabajar en los apiarios ya no es redituable. Los empresarios, con la excusa de que la miel del sur de Yucatán está contaminada, quieren pagar 15 pesos por el litro. “Te dicen que vienes del Cono Sur, donde hay menonitas, y ya está contaminada tu miel. Te compran a 15 o 20 pesos. El año pasado a mitad de temporada ya te compraban a 15 pesos el litro de miel y de pronto ya no la compraban ni a ese precio. Las abejas ya toman el polen del sorgo, la soya y el maíz transgénico que se fumiga con Faena, que se supone está prohibido en México, pero los menonitas lo siguen usando”, reclama Alan.
El pueblo maya que trabaja la tierra es el primero en resentir los efectos del avance menonita en Yucatán. Otro ejemplo es la aguada de Noh Becan. Hace dos años, ese cuerpo de agua tenía dos usos. En épocas de sequía se abastecían de la aguada para regar las parcelas y darles de beber a sus animales. Además, en temporada de verano aprovechaban para ir a pescar mojarras y pasar el día. Hoy ya no se puede ni lo uno ni lo otro, pues el agua ya está contaminada por los agroquímicos que usan los menonitas.
En realidad, ninguna autoridad medioambiental o de investigación les ha confirmado la existencia de los químicos a los campesinos y apicultores mayas, aunque no es necesario. En el camino de terracería hacia la aguada están tirados los empaques de la “Faena”.
La expansión de los menonitas avanza cada vez más rápido, invadiendo áreas que colindan con zonas protegidas como la Reserva de la Biosfera de Calakmul de Campeche y ahora Tekax, uno de los pueblos que forma parte de la Reserva Estatal Biocultural del Puuc en Yucatán.
Quintana Roo tampoco está exento, pues han comprado tierras ejidales de Xmabén e Iturbide, las cuales, aunque pertenecen a Campeche, los ubica estratégicamente en los límites del Área de Protección de Flora y Fauna Bala'an K'aax de Quintana Roo, sitio en el que la tierra además es fértil.
Queman las tierras para obtener el cambio de uso de suelo
Augusto es otro de los ejidatarios del municipio de Tekax que también se dedica a la apicultura. Sus tierras se encuentran después del área conocida como Valle Faisán, una zona limítrofe entre los estados de Yucatán, Campeche y Quintana Roo, muy cerca de Punto Put, donde colindan las mensuras de las tres entidades.
El campesino es un férreo defensor del territorio. En reiteradas ocasiones ha tenido que enfrentarse a los menonitas que ingresaron a esta zona de tierras nacionales, las cuales supuestamente están protegidas y en las que sólo está permitida la apicultura.
“Como quieren extender su arado y acabar con el monte, cada año lo queman. Aquí se incendió dos años seguidos, en el 2024 y 2025. Hasta el 2023 no habían hecho nada de caminos, pero cuando hicieron el camino nuevo desde San Juan Tekax hasta el pie de Macoba empezaron a bulldozear todo”, relata Augusto.
La presencia de los campos menonitas es visible en la ruta que pasa por la comisaría de Becanchen, el ejido de San Diego Tekax, la comisaría de Nohalal, el ejido Sinaí y las tierras nacionales (es decir, que aún son de las y los mexicanos), como Faisán y Valle Escondido.
Para llegar a los apiarios de Augusto es necesario ingresar entre la selva maya y recorrer kilómetros de maleza entre los cerros. En el camino se observan más apiarios de campesinos mayas de Yucatán. La estrategia de los menonitas es buscar las tierras planas y lejanas a la vista de las personas para que las autoridades ambientales, como la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (Profepa), no detengan su avance.
Aun así, Augusto sospecha que hay autoridades del estado de Campeche involucradas en el despojo del territorio al pueblo maya y la venta de las tierras a los menonitas, y también considera que el gobierno federal está al tanto de la situación, porque se ha encontrado con militares en la zona.
“Acá en este tramo la destrucción no fue lenta, fue a la voz de ya. En dos años tiraron el monte y prendieron fuego, fue así de rápido. En el 2024 tumbaron solamente dos hectáreas y en mayo de este año entraron y bulldozearon todo. Ahora tienen un montón de arados”, dice con visible enojo.
El artículo 155 fracción XXV de la Ley General de Desarrollo Forestal Sustentable señala que no se autorizará el cambio de uso de suelo de un terreno incendiado hasta que pasen 20 años, pero para los campesinos mayas que viven lejos de la ciudad, esto es una mentira.
“Cerca de Macoba, en Campeche, lo único que no se ha quemado son los centros arqueológicos. Los montes alrededor están quemados y ya empezaron a bulldozearlos con sus máquinas”, apuntó el apicultor.
El área de expansión de los campos menonitas en Campeche se interconecta con siete de las 11 estaciones del Tren Maya: Escárcega, Centenario, Calakmul, Xpujil, Candelaria, Tenabo y Hecelchakán.
40 años de deforestación por monocultivos menonitas
Los menonitas llegaron a la Península de Yucatán en 1983, hace 43 años. Primero se instalaron en Hecelchakán, Campeche, y fundaron Yalnón. Tres años después, en 1986, levantaron en Hopelchén el campo agroindustrial más extenso de su comunidad y lo nombraron “Nuevo Progreso”.
Los campos menonitas en México resultaron ser el engranaje perfecto para las empresas trasnacionales de la agroindustria que implementan monocultivos y agrotóxicos que lastiman el medioambiente. En 1998 inició en Campeche la siembra de transgénicos, situación que en 2003 provocó que la entidad fuera la primera de la Península de Yucatán en cultivar 650 hectáreas de tierras con soya modificada.
Para 2012, el gobierno federal otorgó a Monsanto un permiso para sembrar soya transgénica, cuyas modificaciones genéticas permiten que sea resistente al herbicida glifosato. En respuesta, las comunidades mayas promovieron un amparo en contra de su uso, que les fue concedido por la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) en 2014.
En 2016 se inició una consulta indígena relacionada con la siembra de transgénicos. Dos años después, fueron los mismos pueblos originarios quienes la detuvieron para pedir un diálogo con el entonces presidente de México, Andrés Manuel López Obrador. Sin embargo, lo único que obtuvieron fue un pronunciamiento durante su visita a Hopelchén para exhortarlos a “respetar al prójimo”.
“Aquí están los menonitas desde hace 20 años, hay que respetarlos y que ellos respeten también a las comunidades originarias, todos juntos, porque necesitamos no rechazar a nadie. En la Biblia se habla de que no debemos maltratar al extranjero, nunca maltratar a nadie, ser respetuosos. Todos debemos de trabajar pensando en el amor al prójimo”, expuso López Obrador en un discurso en 2019.
Finalmente, en 2021 las autoridades federales anunciaron la firma del acuerdo “Cero deforestación” con comunidades menonitas de Campeche. Pero de poco sirvió, pues apenas en agosto de 2025 la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (Profepa) clausuró en el municipio de Tekax 147 hectáreas de tierra propiedad de menonitas por el cambio ilegal de uso de suelo, con lo cual se reconoce que el convenio “Cero deforestación” no se cumplió.
A la par del avance de la expansión menonita está la del Tren Maya en su fase de carga. Recorren la misma ruta y parece imposible que se detengan. En esos vagones se cargará y transportará el maíz, la soya y el sorgo, en su mayoría transgénicos. Del otro lado, están los campesinos mayas que, como Alan y Augusto, resisten y se atreven a hablar porque, dicen, no pierden la esperanza de conservar el agua, el aire, las plantas y sus abejas.